EL MEJOR CAVIAR DE KIEV
Galería de imágenes
Párrafos de
mi libro INOLVIDABLES, pág. 85. Ed. Círculo Rojo
Kiev, Ucrania, 17 de mayo de
2015.
Pienso en ella siempre que muestran la guerra de Ucrania en los
noticieros, con esas macabras imágenes de terror y destrucción. Hace una década,
estando de visita con mis buenos colegas Íñigo y Mabrouk, tomamos la costumbre
de desayunar café con caviar. Resultaba un poco excéntrico pero delicioso,
sobre todo cuando se trataba de las latas redondas que vendía la señora Ivanna
a precio de saldo, en el mercado Besarábsky, pleno centro de la capital
ucraniana
Pese al ambiente bélico que se
palpaba en la atmósfera, este recorrido por Ucrania tuvo muchos momentos gratos
plagados de pequeños placeres mundanos. Desde luego no cambio de desayunos como
los de Kiev ni por todo el oro del mundo; es lo que nos suele pasar a los
paletos al más mínimo asomo de lujo al alcance de nuestras manos. Nos lanzamos
compulsivamente al atracón por unos pocos euros, porque los precios
de estos manjares parecen de saldo cuando pagas en grivnas, moneda local (…)
Comenzaba temprano la animación de los puestos
de frutas, verduras, quesos, especies, pescados ... Los tenderos pregonaban airadamente
los productos recién traídos. Y allí estaba ella cada día, su figura garbosa y
una permanente sonrisa siempre gentil. Con sus buenos años a cuestas pero
irradiando energía, aquella mujer atraía no solo por las delicias enlatadas de
huevas de toda Eurasia central que vendía, sino por esa apariencia dulce de
señora de las campiñas cerealistas que atraviesa el río Dniéper en su lento
fluir al mar Negro. Hasta el delantal azul que llevaba ceñido le quedaba
elegante.
Acudíamos de mañanita al pequeño
puesto de la zona central del mercado, cuya vitrina brillaba repleta de latas
resplandecientes del mejor caviar de esturión, ruso, rojo, negro, de todos los
ríos y lagos del este de Europa y el centro de Asia. Esa huevas delicadas y
finas de delicioso sabor marino, untuoso e intensamente cremoso. Creo que comí
más Caviar que el que comeré el resto de mi vida (…).
